La muerte no es obra de Dios

 Sab 1, 13ss 

Por el pecado ha venido la muerte al hombre, pero la muerte no entraba en el plan de Dios, es la consecuencia del pecado. Si no hubiera pecado el primer hombre, seguiría con el estado de justicia original. Las penas de la naturaleza son consecuencia del orgullo de desobedecer a Dios. Por el pecado los hombres llaman a la muerte y las cosas, que Dios ha hecho saludables, por esa desobediencia y soberbia, se vuelven nocivas para los hombres pecadores. Ellos hacen alianza con la muerte por su desobediencia a Dios y terminan en la corrupción. El reino de la muerte, infierno, scheol en hebreo, hades en griego; he aquí la consecuencia del pecado: hecerse amigo el hombre de la muerte y corromperse. 

¿Quién puede salvarnos de la muerte? Sólo nuestro Señor Jesucristo. Quien se alimenta con la Santa Comunión como prenda de inmortalidad, ya tiene vida eterna y Cristo le resucitará en el último día.

II Cor 8, 7 ss

Por la pobreza de Jesucristo es que nosotros nos hacemos ricos. Quien predica no busca hacerse rico, no busca aumentar sus haberes; quien predica lo hace por la salvación de las almas. 

La igualdad de que san Pablo habla es un "equilibrio". Cuando ayudamos a los santos con bienes materiales participamos de sus bienes espirituales. Y si ayudamos con bienes espirituales a quien tiene necesidad de ellos, no nos faltará lo material. Muy distinto de lo que hace el avaro que quiere sobreabundar en cosas que no puede aprovechar e impide que los demás las aprovechen. Los cristianos debemos promover ese equilibrio, sobre todo en tiempos de crisis en que es muy difícil adquirir bienes materiales, muchos hermanos no pueden comer bien ni adquirir medicamentos; también sucede que los bienes espirituales hoy no se buscan, o se buscan menos; por lo tanto allí también debemos ayudar. 

Mc 5, 21-43

Juan Straubinger, comentando estos versículos, afirma que El Señor bien sabía quién le había tocado sus vestidos y había sanado; sin embargo, pregunta para confirmar el milagro delante de la muchedumbre. El Señor toma de la mano a la niña, la cual se levanta ante su orden; había vuelto a la vida. Pasmados los padres y fuera de sí por este milagro de resurrección, se olvidan de dar el alimento que la niña requiere. Nuestro poderoso Redentor no se olvida de ello, por eso pide que le den de comer. 

¿Quién como El Señor Jesús puede devolvernos la vida, y con ella, la salud del cuerpo? La niña resucitada tiene hambre, señal que Cristo le devolvió la salud completa.

Tocar para sanar. La mujer "toca" los vestidos de Jesús y se cura de su hemorragia. El Señor toma de la mano a la niña, "toca" su mano, y la niña resucita. El Señor nos sigue "tocando" por medio de los Sacramentos, hemos de acercarnos y dejarnos sanar por ellos. 


Oramos

Señor Jesucristo, que no quieres nuestra muerte sino que tengamos vida en abundancia, haz que aprovechemos los Sacramentos que has instituido para vivir esa vida abundante en este mundo. Sacramentos que son fuerzas que brotan de tu Cuerpo siempre vivo y vivificante. Y cuando salgamos de este mundo, podamos ir a contemplar la luz de tu Sagrado Rostro. Amén


Páginas consultadas:

http://www.curas.com.ar/Documentos/Straubinger/48 San Marcos.pdf

http://www.curas.com.ar/Documentos/Straubinger/25 Sabiduria.pdf

https://www.vatican.va/archive/catechism_sp/p2s1c1a2_sp.html

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