Lecturas del día 27-06-2024
2 Reyes 24, 8-17; Sal 78, 1b-2. 3-5. 8. 9; Mat 7, 21-29
Nabucodonosor, rey de Babilonia, en el año 598 a.C., asedió Jerusalén (2 Re 24), profanó el Templo del Señor y se llevó deportados a sus habitantes dejando sólo a la gente pobre de allí. Jerusalén quedó en ruinas y los cadáveres servían de alimento a las fieras. Sangre derramada, cadáveres sin enterrar, israelitas llevados cautivos a una tierra pagana y extraña. Dolor y desolación. Fue la segunda deportación de los judíos a Babilonia.
El salmista (Sal 78), cuando ora en este contexto, no se recomienda, comenta Straubinger, por sus propios méritos o por su abolengo. Se recomienda por su miseria y la de sus padres, pobres peregrinos en el destierro. Cosa muy distinta de lo que hacemos los mundanos cuando invocamos a nuestros antepasados con orgullo de raza, de patria, de familia. Nunca debemos olvidar que nacemos como propiedad del diablo y sólo Jesús nos hace nacer de nuevo en el bautismo por la fe, tan necesaria para salir de ese dominio del diablo que nos persigue hasta el fin de la vida. Gran lección de humildad para los mundanos que nos sentimos orgullosos, muchas veces, de nuestro nacimiento e invocamos nuestra ascendencia como algo tan ilustre. ¡Mentiras!
El salmista ora así, y es un ejemplo para nosotros:
"No recuerdes contra nosotros las culpas
de nuestros padres;
que tu compasión nos alcance pronto..."
"...a causa de tu Nombre"
Jesús nos reveló que el Nombre de Dios es "Padre" y, en su primera carta, San Juan nos dice que Dios es Amor. La justicia de Dios, comenta Straubinger, nos atraería el castigo; su santidad pone en evidencia nuestros pecados; sólo la misericordia es el por qué último de su amor. De ahí que, cuanto pedimos, lo pedimos en el Nombre de Jesús, que nos reveló el Amor del Padre y su Misericordia.
En el Evangelio de este día Jesús deja claro (Mt 7) que sólo quien hace la voluntad de su Padre entrará en el Reino de los Cielos. La finalidad de toda buena acción humana debe ser cumplir con la voluntad de Dios, reconocerle, homenajearlo y obedecerle como Él exige. Los hombres podemos cumplir algunos preceptos morales buscando puras razones humanas: sea que nos rindan honores, que nos llamen "honrados", que nos aprueben, sea por meros intereses personales. Pero si no amamos a Dios con todo nuestro ser; entonces nuestras actitudes y acciones, por honradas que se vean, no serán cristianas.
Hacer la voluntad de Dios y amarlo con todo nuestro ser, debe ser la finalidad de todo lo que hacemos. ¡Porque Dios así lo quiere!, así es como debe ser nuestra respuesta: ¡Por amor a Dios!
“Nunca os he conocido. Alejaos de mí, los que obráis la iniquidad”.
Durísima advertencia de Jesús para aquellos que dicen ser cristianos y no ponen en práctica la doctrina de Jesucristo. Los verdaderos cristianos ponen en práctica la Palabra; por lo tanto, cuando vengan las lluvias, los torrentes, los vientos, es decir, las tribulaciones; la casa no caerá, ya que está fundada sobre la Roca, que es Cristo.
Oramos
Señor, Dios nuestro, haz que en este valle de lágrimas en el que nos encontramos desterrados por nuestros pecados, todas nuestras acciones sean una puesta en práctica de las Palabras de tu Hijo Jesús, de manera que las adversidades de esta vida no puedan derribar nuestra casa, construida sobre la Roca, que Él mismo es; y así podamos entrar en tu Reino. Amén.
Imagen de hogarlainmaculada.edu.ar
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