Dios no ve las apariencias, sino el corazón

 Lecturas de hoy:

1° Samuel 16, 1-13; Sal 88, 20. 21-22. 27-28; Marcos 2, 23-28

Meditación (Qué dice la Palabra)

Destáquese lo que el Señor dice a Samuel:

«No te fijes en su apariencia ni en lo elevado de su estatura, porque lo he descartado. No se trata de lo que vea el hombre. Pues el hombre mira a los ojos, mas el Señor mira el corazón».

 Comentarios de la Biblia de Juan Straubinger:

 7. El hombre ve el exterior, etc. “Admirable observación, y contraste cortante entre lo natural y lo sobrenatural, el exterior y el interior” (Fillion). Hay que desconfiar del aspecto exterior, que engaña. En 9, 2 vimos que Saúl descollaba en esto. Cf. Proverbios 31, 30. También Jesús nos enseña a no juzgar por las apariencias (Juan 7, 24; 8, 15). Véase Salmo 7, 10. “Yo soy juez y testigo, dice
el Señor” (Jeremías 29, 23). “¿Quién eres tú para juzgar al que es siervo de otro? Si se mantiene firme o si cae, esto pertenece a su amo” (Romanos 14, 4), y el Amo de todos es Dios.

 11. ¡El más pequeño! También se dice esto de Gedeón (Jueces 6, 15). Hay aquí un hondo sentido espiritual. “Porque fui pequeña agradé al Altísimo”, dice la Iglesia en la Liturgia de María Santísima. Por eso Dios “hizo en ella grandes cosas”, como reza el Magnificat. Ser pequeño, o sea, pobre de espíritu delante de Dios (Mateo 5, 3) fue el gran título que tuvo David para ser el amado y predilecto de Dios (Mateo 18, 3). Ese pequeño en quien nadie pensaba, fue el rey más grande del
Antiguo Testamento. Y se dice que estaba apacentando las ovejas, porque fue figura de Cristo el Buen Pastor (II Reyes 7, 8; Salmo 77, 70).

A Mc 2,27: 

“El sábado se hizo por causa del hombre, y no el hombre por causa del sábado" 

27. Qué caridad tan divina refleja esta sentencia! Jesús condena aquí definitivamente todo ritualismo formulista (véase Juan 4, 23 ss.). 

Meditación (Qué me dice a mí la Palabra)

Cuántas veces he juzgado a las personas por su apariencia, su aspecto exterior, su físico, su belleza, su forma de vestir, su forma de hablar; sin saber realmente cómo es su corazón. Sólo Dios sabe lo que hay en el corazón del hombre, y si Él elige a una persona, es porque le agrada su pequeñez. Grave error el de quedarse sólo con las apariencias de una persona, porque sólo Dios es el Amo de todos. Si se mantiene frme o si cae, es de su Amo, Dios es testigo y juez. 

A Dios le agrada la pequeñez de sus siervos, así es con María Santísima, quien agradó al Señor por ser pequeña e hizo grandes cosas por ella. Ser pequeño es ser pobre de espíritu. En este sentido me agrada mucho el comentario de Juan Straubinger a Mt 5, 3: "Pobres en el espíritu son, como observa Santo Tomás, citando a San Agustín, no solamente los que no se apegan a las riquezas (aunque sean materialmente ricos), sino principalmente los humildes y pequeños que no confían en sus propias fuerzas y que están, como dice San Crisóstomo, en actitud de un mendigo que constantemente implora de Dios la limosna de la gracia. En este sentido dice el Magníficat: “A los hambrientos llenó de bienes y a los ricos dejó vacíos” (Lucas 1, 53).

¡Cuántas veces he confiado en mis propias fuerzas, he sido soberbio y no he implorado la gracia!

Oración (Qué le digo a mi Señor) 

Señor Jesucristo, que condenas todo ritualismo formulista, que no ves las apariencias sino el corazón de los hombres, que amas a los humildes y pequeños; Señor, aquí estoy en tu presencia, no confío en mis propias fuerzas para hacer lo que me pides; por eso vengo como un mendigo a implorar, hoy y cada día, la limosna de tu gracia. Pido perdón por juzgar a las personas por las apariencias, incluso a tus servidores y ministros;  y por todos mis pecados y miserias; sin tu gracia nada puedo hacer, ven en mi ayuda, Señor. Amén

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